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miércoles, 24 de abril de 2013

Actos con motivo del Bicentenario de la Diputación.

Desde el Ayuntamiento de Anguita se os convoca...

Pleno extraordinario a las 16.00 horas en el Salón de Plenos de la Casa Consistorial para, acto seguido, proceder al descubrimiento de un monolito conmemorativo.

Más información:
http://www.lavozlibre.com/noticias/blog_opiniones/2/745988/bicentenario-de-la-primera-diputacion-provincial/1

martes, 22 de enero de 2013

La agonía de los medianos

Comparto un interesante artículo-reflexión de Juan Isidoro Ciruelos Huarte, de Alcolea del Pinar, con su permiso y mi más sincero agradecimiento ;).

Hace unos meses nos anunciaban que, debido a su bajo número de alumnos, las escuelas de pueblos antaño emblemáticos como Alcoroches, Alustante, Anguita, Galve de Sorbe, Orea, Pareja, Peralejos de las Truchas, Poveda de la Sierra, Salmerón, Tordesilos o Villel de Mesa cerrarían este curso. Aquéllo era una mala noticia dada en los días previos al verano radiante de la Alcarria, las Serranías y el Señorío. Pero ahora estamos cerca de los Santos, la festividad que marca el comienzo del letargo –o de la agonía- de tres cuartas partes de nuestra tierra, y la primicia es ya un hecho. Quizás el fulgor de las luces del Corredor del Henares deslumbre a muchos ciudadanos y políticos, pero la oscuridad está mucho más cerca de lo que creen. En realidad, basta con que pasen de Torija para que sus ojos la atisben.

En socorro de quienes todavía se negaban a ver la evidencia, ha llegado, otoñal, puntual, otra nueva tenebrosa: pueblos como Almonacid de Zorita, Budia, El Pobo de Dueñas, Hiendelaencina o Tamajón perderán el servicio de urgencias nocturnas en sus centros de salud. Es decir, que en unos pocos meses, de punta a punta de la provincia, se han ido apagando los dos focos de luz más poderosos que aún resistían en medio de la nada: las escuelas y los consultorios médicos. 

Todo ello en aras de la eficiencia económica y en provecho –pensarán sus habitantes- de pueblos más grandes como Atienza, Cogolludo, Molina de Aragón, Pastrana o Sacedón. Lo primero probablemente sea irrefutable: empujar a las tinieblas a Salmerón o a El Pobo es hoy rentable presupuestariamente; aunque a largo plazo es posible que no lo sea económicamente. Pero lo segundo es mucho más discutible, pues la dicha de Atienza o Cogolludo puede que no suponga más que la antesala del llanto. Unas cuentas en donde se tacha a Hiendelaencina podrían ser las hermanas mayores de otras en que se borre a Cogolludo. O a Atienza. O a Pastrana.

Según la mitología, el dios Saturno debía devorar a todos sus hijos para evitar que lo destronaran. Sigüenza y Molina parecen estar adoptando esta actitud, sin darse cuenta de que las siguientes en caer podrían ser ellas en manos de Guadalajara capital. Las autoridades de Sigüenza celebraban hace unos meses que las familias de la comandancia de la Guardia Civil de Tráfico de Alcolea del Pinar serán trasladadas allí, a tenor de una decisión difícil de justificar técnicamente. ¿Éste es el desarrollo que quieren para la Ciudad del Doncel? Más les valdría traer el reciente caso de la Escuela-Hogar a su memoria, o mirar su ambulatorio inacabado. Y por el otro lado se halla una Molina que no consigue que la promesa de un parador se afiance en forma de cemento y ladrillos, porque se duda de que el proyecto sea rentable (en otro orden de cosas, ¿se puede decir que la naturaleza y la historia privilegiadas del Señorío de Molina no son fuente de riqueza? Más bien habría que afirmar que faltan políticos con la talla suficiente para lograrlo).

Tras 30 años de autonomía e ilusiones de progreso truncadas, parece que volvemos inexorablemente a ser esa especie de provincia pobre de Castilla la Vieja arrimada a una Mancha cuyo mayor bien, una demografía saludable, sus políticos no han sabido ¿o querido? compartir con nosotros.

¿Un agujero negro en medio de España? Si pudiésemos sentarnos una noche cualquiera en la cima del Ocejón, veríamos el resplandor inmenso de Madrid, el centelleo de Guadalajara capital y su cinturón…y, todo lo demás, penumbra.

¿Es ésta la Guadalajara que queremos, otra vez?

lunes, 3 de mayo de 2010

Anguita en LA VOZ LIBRE


Hay un error común en todos los nacionalismos: hacer preponderar a los territorios sobre las personas. Patrias ‘grandes’, y en este caso, ‘pequeñas’, las tienen prácticamente todo el mundo por el mero hecho de ser persona y, ante todo, tener vivencias y memoria. Son sentimientos individuales que hacen tener mayor cariño por unas calles que por otras, por la espadaña de una iglesia en especial o por las poesías ambientadas en una tierra. Vivir en un lugar no incluye tener unas creencias, la verdadera libertad consiste en ser ciudadano y poder pensar, a su vez, lo que uno realmente quiera. Lo dicho es totalmente comprensible para aquellos que, como yo, tenemos pueblo, ‘patria pequeña’ a la que siempre volvemos a emigrar en cuanto tenemos periodos de descanso, de forma análoga, pero inversa, a como lo hicieron nuestros progenitores, abuelos o, en general, antepasados.

Saben mucho de esto los que tienen nexo con Anguita. Esta hermosa aldea, sita en el núcleo de la ‘región histórica’ de Celtiberia, pertenece a la provincia de Guadalajara, si bien, el siguiente pueblo -Layna o Benamira, según el camino- ya es de Soria, sin estar tampoco lejos de las provincias de Teruel y Zaragoza. Anguita es un municipio que apenas supera el centenar de almas en invierno, multiplicándose su población hasta por diez durante el verano. Su historia y patrimonio son proporcionales a su belleza, superlativo recuerdo de todos los tiempos que nos precedieron.

En Anguita, aspecto poco conocido en el común de nuestra geografía, se firmó, en el edificio que hoy es su casa consistorial el acta de Constitución de la primera Diputación Provincial de España, secundando la Constitución de Cádiz, en abril de 1813. Anguita fue el centro neurálgico del antiguo Común de Villa y Tierra de Medinaceli, posterior Condado-Ducado. Allí se reunían las juntas que representaban al Común, en el que el actual edificio del ayuntamiento hacía las veces de pósito, cárcel y sede del recaudador de impuestos. Por este pueblo pasó Felipe II, el General Hugo -padre del escritor de ‘Los Miserables’, una obra en la que aparecen algunos de los pueblos cercanos al lugar-, quien saqueó la zona con sus tropas, el Cid Campeador -las ‘cuevas de Anguita’ y el Campo Taranz, paraje también del lugar, aparecen en el Cantar, este último en dos ocasiones- y Ramón y Cajal, quien veraneó en el pueblo, dada la pureza de los aires para su mujer, que estaba enferma, y por recomendación de su ama de llaves, a la sazón originaria de esta localidad.

Anguita es un lugar clave en lo que al estudio de la cultura celtíbera se refiere. En su término municipal se encuentra la necrópolis más extensa de esta civilización –‘el Altillo’, en la pedanía de Aguilar de Anguita- y varios castros –cabe destacar el del Hocincavero, ‘Castillejos’-. Sin embargo, la mayor joya arqueológica del lugar es el campamento romano de La Cerca, un yacimiento que fue, más que probablemente, una ciudad celtíbera. De época posterior son las dos torres defensivas árabes -‘hisn’- que se conservan: la ‘Torre de la Cigüeña’ (símbolo del lugar) y la ‘Torremocha’, de la cual sólo se conserva su base.

El pueblo consta de tres templos y un antiguo hospital de beneficencia, del cual se conserva su bella entrada. La iglesia de San Pedro -románica de transición al gótico- destaca por su hermosa bóveda de crucería, siendo ésta una de las razones, se cuenta, por las que estuvo a punto de hacer las Américas, cuyas piedras habína sido incluso numeradas para el traslado. La ermita de Nuestra Señora de la Lastra, pese a su rango, es de mayor tamaño y hace las veces de parroquia del pueblo. Sus dimensiones no hacen más que recordar el peso del lugar en tiempos pretéritos, cuando Anguita era lugar obligado en lo que al comercio de la lana se refería -los célebres mercaderes Ruíz la hicieron conocida y distinguida en la propia Francia. El último templo, la ermita-humilladero de La Soledad, es quizá la menos chocante en cuanto a tamaño, pero destaca por su bella entrada -doble, al igual que la de Medinaceli-, así como por custodiar un Cristo de bella factura que desfila en procesión cada año, dentro de su sepulcro.

Aun sumida en la despoblación de lo rural, que en lo que a ambas Mesetas y respectivos sistemas -Ibérico y Central- se refiere, Anguita es un lugar clave para todo aquél que desee saber algo más de la Castilla del Medievo, la Hispania romana y prerromana, o la España del Imperio. Bañada por el río Tajuña, en un valle fértil, rodeado de bosques de carrascas, robles, melojos y alguna sabina, Anguita es un pequeño vergel en lo rudo del paisaje celtíbero, siempre frío y despoblado. En tiempos de crisis y de auge del turismo rural, este lugar es de sumo interés para poder reponer fuerzas y, a la vez, hacer senderismo o, simplemente, escribir, pintar... o reflexionar.

> En las imágenes superiores, vistas del pueblo Anguita. Más información en 'Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno' (Guadalajara, Aache, 2008), de Javier Serrano Copete.

lunes, 19 de octubre de 2009

Anguita en el Afilador!!

El número 70 del periódico "El Afilador" publica un artículo sobre Anguita y su historia titulado: "Anguita: un reducto de paz". Artículo de mi autoría. Espero que os guste.

viernes, 2 de octubre de 2009

Turismo Castilla-la Mancha


Una pequeña colaboración para promover Anguita por la Red, en la que ha colaborado un servidor (fotos y texto).

lunes, 24 de agosto de 2009

El Señor de la Celtiberia

Aquel hombre siempre tenía ideas inteligentes de las que hablar. Fuere ante una carrasca, en su casa, en tiempos de guerra, o de paz, el sumo sacerdote siempre tenía alguna explicación convincente para todo aquél que supiera hacerle las preguntas pertinentes. Hace tiempo, cuando aún era un infante imberbe, recuerdo haberme sentado sobre el tocón de sabina sito en la puerta del sabio. Recuerdo que me encontró dibujando en el suelo la efigie de un buitre que sobrevolaba nuestro humilde castro del Hocincavero. Al viejo le llamó la atención el que estuviere dibujando tal y no otro animal; por ello, me invitó a entrar a su casa, diciendo que iba a contarme una historia sobre los orígenes de aquel ave, y de su sagrada función, en tanto que servidor de los dioses de la Celtiberia.

"Se dice que el dios de la luz, Lug, andaba un día preocupado. El hombre medraba por la tierra sin tener que rendir cuentas ante él, y eso le ponía en peor posición respecto al resto de los dioses. Lug, de ninguna de las maneras quería renunciar a ser la deidad principal, eligió al ave más poderosa de cuantas existieran y le abrió el estómago, de forma que siempre estuviera hambrienta. El buitre, pues ella era el ave elegida, se vio con la necesidad de comer cualquier cosa que se hallara en su camino. Se dice que un día, durante una de las muchas batallas que sacudían a la Celtiberia, un guerrero cayó muerto en mitad del campo de batalla. Su causa perdió, quedándose su cadáver a voluntad de los elementos. Un buitre que sobrevolaba el lugar, bajó a tierra. Lug aprovechó la ocasión para condicionar a los de su especie de por vida. En lo sucesivo, el buitre siempre estaría hambriento, y comería carroña siempre que se la encontrara.

Sin embargo, Lug no consiguió sus propósitos a la perfección. Cierto es que, al limpiar los cadáveres, el buitre subía el alma del difunto al Reino de los Cielos, ante Lug, pero también lo es que, al ser un ave condenada al hambre eterna, el buitre siempre comía, como si del último de sus días se tratara. Si, en un principio, con el ave, Lug había conseguido librar a la difunta carne mortal de la acción de los espíritus demoniácos (de las enfermedades y las pestes), cierto es que una parte del difunto quedaba siempre en tierra, pues el buitre debía vomitar parte de su alimento, con el afán de poder alzar el vuelo".

Al acabar este relato, el viejo sacerdote me miró fijamente. Me preguntó si había comprendido cuál era el papel del buitre en nuestro mundo. Lástima que, virtud de la fantasía, yo sea de tiempos antiguos, de tiempos de Celtiberia, cuando ante los indicios de realidad, la verdadera ciencia, siempre se acudía a la falsa, pero bonita, leyenda...

* Nota aclaratoria: la leyenda es un recurso lírico del autor, pese a que bien pudiera haber sido contada en tiempos de los celtíberos, cuando la "ciencia" era leyenda y mitología. Los comportamientos del buitre leonado, aquí mencionados, son ciertos. Lug era la deidad principal de los celtíberos, y a ella se brindaban los buitres, siendo comidos y "llevados" hacia la deida por estas aves. Testimonios de ello se tienen en la ciudad celtíbera de Tiermes.

En lo que a Anguita se refiere, los cadáveres de mulas, ovejas y demás bestias se dejaban en el "muladar" (en el Salidero, camino de los Altos). Se dice que el higado debía ponerse cara al sol, pues los buitres así lo olían y bajaban antes. Esta creencia es falsa, pues el buitre ve los cadáveres, dada su privilegiada vista.

Imagen: " Imagen de un Gyps fulvus (Gyps fulvus), un residente del Zoológico de Morelia, en el estado de Michoacán, México", obra de El Ágora, imagen sujeta a GNU Free Documentation License

Sobre Sigüenza y el Renacimiento

Jamás fuera de persona viviente observé una uña más humana. No hay en ninguna estatua terrestre detalles tan divinamente mortales. Sus ojos parecen estar llorando que el guerrero quedara petrificado en fino alabastro; Martín Vázquez de Arce, más conocido como “el Doncel”, es una contradicción para el ojo humano, parece estar vivo, aun siendo la figura su sepultura; fue inmortalizado como “Doncel” no siendo “virgen”, pues tuvo hija (enterrada, mismamente, en la Capilla de San Juan y Santa Catalina).

En relación a Sigüenza, no sería digno acabar de escribir sobre la ciudad sin hacer mención a otra gran joya, a mí ver, de igual o mayor esplendor que tan ilustre tumba renacentista, la Sacristía de las Cabezas. Realizada allá por el año 1550 (por Martín de Vandoma, y diseño de Alonso de Covarrubias), es difícil resistirse a invocar el genio, e ingenio, que se desprende de todos aquellos artistas que medraron, y en ocasiones triunfaron, durante el Renacimiento....

Durante mi última visita al lugar, hace apenas unos días, nuestro guía (sabio y cordial como pocos) no dejaba por un momento de alabar este periodo de la Historia. Repetía, una y otra vez, las virtudes del haberse “redescubierto” la filosofía griega de Platón y Aristóteles, ese clímax entre espiritualidad y pragmatismo que dieron pie al Renacimiento. Sinceramente, es evidente que nos encontramos ante uno de los períodos más gloriosos en lo que al cultivo de la ciencia se refiere. Sin embargo, es más que dudoso que podamos hablar de esta etapa como una de las mejores para el humano residente en Europa.

Hace un tiempo, un muy buen amigo ruso me comentó una de sus sabias reflexiones: el hombre sabio, en numerosísimas ocasiones, surge en tiempos de crisis y conflictos. Ciertamente, el ocaso del Imperio español coincidió con personajes de la talla de Góngora o Quevedo, la Guerra Civil española con los hermanos Machado o Alberti, la caída del Imperio Romano de Occidente coincidió con San Agustín y el Renacimiento… con Miguel Ángel, Leonardo da Vinci… y un incalculable número de genios.

Este afortunadísimo pensamiento de mi “leoncio” amigo me ha vuelto a venir a la memoria al leer el interesantísimo libro de Stephen Toulmin: “Cosmópolis: El trasfondo de la modernidad” (Barcelona, Ediciones Península, 2001). El autor, discípulo de Ludwig Wittgenstein, duda de que el Renacimiento (y demás signos primordiales de modernidad) tuvieran lugar en un momento de especial “pacifismo” (véanse la Guerra de los Treinta Años, la Reforma y Contrareforma, la Santa Inquisición y un largo etcétera). Todo esto hace que me pregunte si lo adverso del contexto, del “paradigma” en el que a uno le toca vivir (en terminología de Kuhn), ayuda a “agudizar” la inteligencia, incrementando la frecuencia con que surgen genios.

La Segunda Guerra Mundial coincidió con Einstein, Larenz, Bohr, Kelsen, Picasso, Le Corbussier… y otros. A nadie se le escapa que en este periodo “de Paz” (cuasi-exclusivamente para Occidente) son pocos, o ninguno, los genios que han ido surgiendo. ¿Por qué? ¿En verdad… “el hambre acerva la inteligencia”?.

Es bien cierto que las oportunidades surgen de las crisis, es en estos momentos donde se fraguan los futuros motivos de éxito. La propia Historia Natural tiene también ejemplos de ello, las especies exitosas surgen en tiempos de “extinciones masivas”, llámense: dinosaurios, mamíferos, humanos, gorriones o gaviotas. En un mundo imperfecto, el juego entre el fracaso y el éxito da forma a nuestro Mundo. Si bien es cierto que aprendemos más de nuestros éxitos que de nuestros errores (así lo demuestra la neurociencia y los estudios realizados con nuestras neuronas) es bien cierto que sin el “error”, todo carecería de significado, al no haber “significante”.

Ilustraciones: 1) El Doncel de Sigüenza; 2) "El hombre de Vitruvio", obra de Leonardo da Vinci

Artículo publicado en Nubiru: www.nubiru.blogspot.com

miércoles, 13 de mayo de 2009

Virgen de la Salud



El pasado 10 de Mayo, como todos los segundos domingos de Mayo, se celebró en Barbatona una tradicional romería en honor a la Virgen de la Salud. Muchas veces había oído hablar de ello e incluso la tradicional costumbre de pitar al paso por este pueblecín camino de Sigüenza, para lamentaciones de sus escasos vecinos, hartos de tanto pitido.

La verdad es que no había ido desde que apenas tenía 3 años y me perdí entre los feligreses.

Cada año hay una serie de pueblos que presentan unas ofrendas a la Virgen para ayudar a los más necesitados. Suele ser comida y pequeñas cantidades de dinero, pero que en el conjunto de todos los pueblos llegan a ser considerables.

Y esta año, a Anguita le tocó presentar sus ofrendas, y por eso nos vestimos los más atrevidos, con los trajes regionales de Anguita. Porque sí, Anguita tienes trajes regionales que se hicieron hace no muchos años.

Llevamos garbanzos, judías, patatas, miel, truchas...y un montón de cosas más cuyo destino será una asilo de ancianos de Humanes.

lunes, 13 de abril de 2009

Un "sueño" llamado Anguita...

Somos pocos, quizá ninguno, los nativos, descendientes, o asimilados que se han podido resistir al “sueño anguiteño”. Cuando uno tiene la ocasión, virtud de la más notable propiedad del fenómeno, nuestro tiempo en el lugar tiende a expandirse intentando encontrar el mayor número de días, horas y momentos que poder compartir con el lugar; cuna madre del relax, la meditación y demás muestras de ocio y librepensamiento. Y es que en este lugar, a priori, todo es pan, miel y dulces.

Nada más llegar, algunos tenemos a nuestros mayores, esperando en la puerta, ansiosos por nuestra llegada y predispuestos a mantenerte comido y en buena cama, sin otra recompensa que nuestro cariño e insuficiente agradecimiento. Para cualquiera esto parece idílico. La sensación de bienestar y sublime fortuna es tal, que uno llega a creerse que el Mundo bien pudiera limitarse a esto. Falacia fatal, manto por el que quedarse cualquiera ciego.

Mi tío muchas veces me ha invitado a pensar en ello. Anguita y su “sueño” son dos conceptos claramente diferenciados. El primero, equivale a aquel trozo de corteza terrestre (de altitud media superior a los 1.000 metros), sito en la Celtiberia, dotado de tres templos, señoriales casas y una torre de la Cigüeña; lugar que fue objeto de pasadas glorias y, hoy en día, a la vez poseedor de un tan inestable como insuficiente presente, con igual futuro. La primera acepción difiere mucho de la segunda, pues el sueño no es sólo un paisaje veraniego (o primaveral, a veces boreal, como en Semana Santa), ni tampoco un bar o un chiringuito, el "sueño" es la sensación de estar participando de una comunidad de gente feliz y devota de una sola cosa: la diversión y el saber saborear esta celestial saga de acontecimientos… Como no podía ser de otra manera, ambas entidades, en no pocas ocasiones, chocan y entran en conflicto. Una cosa es la Anguita de invierno, otra la de verano. El pueblo, al igual que el oso, permanece “oculto” en los meses más fríos, quieto y guardando su escasa actividad vital en el calor de la “guarida”, acaso mejor, estufa de leña, para luego cambiar con el calor: poblándose de gentes y actividad.

Choca que en la región menos densamente poblada de Europa, tras Laponia, pueda existir un lugar donde el precio de la vivienda sea tan elevado y cada año, sin solución de "discontinuidad", se construyan más y más casas. Lo decadente de la estructura local contrasta con el pueblo y su verano. De localidad nuclear, sitio clave en la comarca, Anguita está pasando a ser uno de las nuevas, y quizá la más notable (en parte también lujosa), "urbanización de la nueva Celtiberia".

Decía un prestigioso historiador de la región, sirviéndonos aquí como ejemplo, que Medinaceli es un lugar sorprendente, puesto que más allá de ser un lugar muy bien conservado (o mejor dicho, reconstruido-restaurado), acontece una suerte de "parque temático". Todo, desde el arco romano hasta la colegiata, parece de chocolate. Tan dignamente lustroso que aqueja falta de naturalidad. Su invierno, con no más gente, especialmente entre semana, que los "encargados de mantenimiento" así nos lo confirma. A Anguita le empieza a pasar, algo parecido. Es algo más que "vox populi" que en Anguita no existen casas derruidas, en mal estado, y acaso tampoco malas. Todo parece ser modélico, como si de una urbanización de alto prestigio se tratara. Sin embargo, la pobreza de un "pobre" Ayuntamiento nos hace caer en la verdad, dejando a un lado la ficción de la que tantos, en nuestro tiempo vacacional, disfrutamos.

La despoblación es un mal que aqueja a toda la región, Anguita no es una excepción. Cada año, por causas naturales y "ley de vida", uno de nuestros mayores fenece. Con cada uno de ellos, a la vez que un vecino, se pierde una esperanza, un recuerdo y potencia en la llama que alumbra, en lo personal, mi particular "sueño anguiteño". Cada vez más manifiesto es poder llegar al bar, o ir de paseo, sin haber tenido, o mejor dicho, "haber podido", saludar a alguna persona, y en cada esquina o "corrillo", haber intercambiado cuatro impresiones sobre cualquier cosa. Para transitar por Anguita ya no es indispensable el peaje del saludo.

La gente, como diríamos coloquialmente, "va cada día más a la suya". Las manifestaciones culturales del pueblo, pese a la continua crecida del número de veraneantes, cada día necesitan más medios humanos siendo, no sólo el altruismo, sino también la mera colaboración, especialmente escasa. La falta de "fraternidad" creciente se manifiesta en la falta de cantores para la procesión del Entierro, la falta de ideas por las que poder materializar los medios de la Asociación Cultural y sus subvenciones, la falta de concienciación, así como el vandalismo cada vez menos raro, de quienes, sin pagar impuestos locales de consideración, disfrutan, a la vez que destruyen muchas veces, los medios que sirven para cimentar el "edificio sobre el que descansa el sueño".

En mi opinión, cada vez más, Anguita se adentra en una enfermedad: la falta de adecuación entre la "realidad" y el "sueño". No es coherente, ni sostenible a largo plazo, ser urbanización de lujo y pueblo referente (cada una de estas estructuras requiere de diferentes "órganos" e instituciones que las gobiernen). El problema que aquí se manifiesta acabará siéndolo de toda la región. Quizá sea el momento de buscar soluciones (mayor colaboración, generosidad con los negocios del lugar y compromiso común por la conservación de los elementos del pueblo, por ejemplo) por los que unificar los intereses que, a primera vista son diferentes, pero que en el fondo, nos afectan a todos: vecinos, amantes, nativos, y, en definitiva, todos aquellos que algo tenemos que ver con el campo semántico... "Anguita".

Fotos del autor, tomadas durante esta última Semana Santa del año 2009.

Artículo referenciado en La Garlopa!!: http://www.lagarlopa.com/?p=3247

domingo, 15 de marzo de 2009

Moscú en Pastrana, San Petersburgo en la Rápita

Hasta el año 1561 la monarquía española jamás había tenido una sede permanente. Fue en ese año cuando, no sin competencia, Madrid se alzó con el cetro del Imperio, pese a que tardaría mucho en alcanzar el esplendor de la verdadera “capital”, cuanto menos cultural y económica, de la España de aquellos momentos, Sevilla. Felipe II fue quien concediera tal privilegio a la antigua fortaleza islámica de “Magrit”, desdeñando otras candidaturas. Si bien existirán motivos, que desconozco, por los que poder justificar que Sevilla (ya en aquel momento con una población próxima al millón de habitantes) no fuere la capital oficial del Reino, cierto es que, antes del nombramiento de Madrid como capital, existieron urbes, cuanto menos más históricas, que intentaron alcanzar tamaña característica, política e histórica. Obviamente, las dimensiones de este post no pueden tratar al tema con todo el rigor, y extensión, que requeriría, no obstante, sobra decir que Toledo fue otra gran perjudicada en el “proceso de selección capitalino”. No sin cierto condicionamiento, genético y “chico-patrio”, en este artículo se va a hablar de las candidaturas, con total seguridad, menos conocidas.
Dicen los expertos en la materia (al respecto consultar el prólogo del Dr. Burillo Mozota a mi libro: "Una historia de Anguita: el pueblo y su entorno"), que la zona de Celtiberia es la menos densamente poblada de Europa, tras Laponia. La provincia de Guadalajara (núcleo fuerte de esta "hipotética" región) consta de una historia mucho mayor de lo que este dato podría indicarnos. Quién sabe si por cambios climatológicos, la desertización, el auge de otras regiones, o por meras contingencias históricas, algunas de las ciudades más relevantes durante la época del Imperio Hispánico, han quedado en el olvido. Tal es el caso de la ciudad de Sigüenza, de Molina de Aragón, de Cifuentes o Anguita, y cómo no, de una de las dos villas de las que aquí hablaremos, Pastrana.
La historia de esta insigne villa de la Alcarria está ligada a uno de los personajes más singulares del siglo XVI español. La princesa de Éboli (Ana de Mendoza y de la Cerda) fue una de las mujeres más importantes de su época. Casada con Ruy Gómez de Silva (uno de los hombres más próximos a Felipe II, y por ende, más influyente), supo utilizar su honroso linaje con las virtudes del matrimonio. La prematura muerte de su amado le hizo mover ficha. De una posición, por naturaleza poco discreta, supo sacar un foco de poder, hablándose de ella, aún hoy en día, como de una mujer bella (aunque bajita), inteligente, y según algunos, ninfómana.
Pastrana y la Éboli deben de verse bajo el prisma de las intrigas palaciegas de aquel entonces. Las luchas de poder entre las dos grandes casas de la monarquía hispana, los de Alba y los Medinaceli (familia de la Éboli), hicieron que, si bien Pastrana llegó a ser vista como un buen enclave en el que situar la nueva capital del Reino, posteriormente, al igual que el bando que la defendía, cayera en desgracia. Tras la muerte de su marido, la Éboli se vería envuelta en conspiraciones y crímenes varios, razón por la cual fue encarcelada, en última instancia, en su palacio de la localidad alcarreña. La Éboli fue una gran benefactora para los moriscos, llegándose a instalar muchos de ellos en sus dominios. Su poder fue tal, que la propia Santa Teresa de Jesús se vio “forzada” a crear un convento de su orden por iniciativa de la princesa, quien pretendió ingresar en él junto a algunas de sus doncellas; como no es de extrañar, chocó con la Santa (“la princesa monja, la casa doy por deshecha!", se dice que dijo la abadesa). El ocaso de esta "Moscú" alcarreña sólo puede guardar parangón con su equivalente catalán: San Carlos de la Rápita.
Al sur de la provincia de Tarragona, en la región conocida como las "Tierras del Ebro" (con capital en Tortosa), se halla el enclave del delta del Ebro (parque natural de especial interés ornitológico y ecosistema de gran valor, no sólo paisajístico, sino que a la vez, económico). Frente a la minúscula península del delta, conocida como "la Banya", se encuentra la Rápita. Al municipio oficialmente se le conoce como Sant Carles de la Rápita, debido a una historia que a nadie podrá dejar indiferente.
Si siguiendo nuestro título, Pastrana pudiera haber sido Moscú, San Carlos pudo haber sido San Petersburgo. Durante el reinado del ilustrado Borbón, se mandó construir una ciudad "ex novo" allá donde se encontraba la aldea de la Rápita. El puerto de los Alfaques, de importancia aún hoy en día, se proyectó que fuera en un futuro uno de los principales del Mediterráneo, configurándose a su alrededor una nueva residencia real, con canales al estilo de Venecia.
Muestra de las intenciones del monarca son el que se ordenara la construcción de instalaciones como el propio puerto, el palacio del gobernador, la aduana o, lo más sorprendente, un canal que unía Amposta con la Rápita (construido en el año 1770). Los catastróficos años finales de su reinado, con una gran crisis económica asolando el país, hicieron, que no sólo éste, si no multitud de otros proyectos para la modernización, o cuanto menos reconfiguración, de España quedaran en el olvido. Al fin el Imperio había caído, y Pastrana antes, la Rápita después, se quedaron a las puertas de la gloria...
Más información:
Primera imagen: panorámica de Madrid
Segunda imagen: la Princesa de Éboli
Tercera imagen: Punta_de_la_Banya_i_Sant_Carles_de_la_Ràpita vistos des de la serra del Montsià, autor: Pere, GNU Free Documentation License