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martes, 11 de mayo de 2010

Paisajes de la Celtiberia

Para todos aquellos que aún no lo hayáis visto, os paso los folletos del proyecto "Territorio Iberkeltia", "Paisajes de la Celtiberia", en los que aparece nuestro pueblo, Anguita. Hay uno dedicado íntegramente a su arqueología, apareciendo, también en el de "Las hoces del Tajuña", junto a Luzón.
Iberkeltia es un proyecto que busca promover el ámbito de la Celtiberia histórica, incluyendo muchos de los territorios de Zaragoza, Teruel, Guadalajara, Soria, Cuenca y La Rioja. Además de los folletos aquí facilitados se han publicado varios otros, referidos a los enclaves más interesantes de la región.
Más información en la web del proyecto: http://www.paisajesdelaceltiberia.com/
Enlaces:

viernes, 1 de enero de 2010

Cuando el año comenzó en enero

Las convenciones no son mera palabrería instaurada, existen ocasiones en que “los cambios”, aun siendo producto del acuerdo (actual o pretérito), tienen una dimensión superior, manifestándose en los más variopintos actos y efectos. Todo este cúmulo de potencial modificador hace que, en múltiples ocasiones, los cambios parezcan “producto de la naturaleza”, existiendo dudas acerca de lo artificial de su concepción, humana parentela. Algo así ocurre con el “año nuevo”.

Siempre centrándonos en la tradición cristiana-occidental, el año “empieza” el 1 de enero, tras la fiesta de Nochevieja. Curiosamente, al menos yo mismamente me lo pregunto, el propio 24 de diciembre es también una fecha de “inicio”, en este caso fecha del solsticio de invierno (tan en boga de los laicistas radicales). Dicho esto, ¿cuál es la razón de ser de que existan dos grandes festividades separadas por una semana: Nochebuena y Nochevieja?

Cuenta la tradición, concretamente el Nuevo Testamento (Lucas 2,21), que Jesús fue circunscrito 8 días después de su Nacimiento, es decir, el 1 de enero, razón por la cual se celebra esta festividad. Sin embargo, tan cierto como ello es que la versión cristiana no ha carecido de factores sincréticos que le ha llevado a asimilar tradiciones anteriores como propias. El propio día de Nochebuena, tal y como ya se ha escrito en alguna ocasión, no es otra cosa más que el solsticio de invierno, y además, en época romana, ese mismo día se rendía culto a la deidad solar por antonomasia: Mitra.

Se mire por donde se mire, existen muchas teorías, ideales, motivos por los que celebrar el día de año nuevo en un momento determinado. Incluso, podríamos, al igual que hacen todas las religiones, cuestionarnos la oportunidad de que el año “nazca” en diciembre. Así, buena parte de Europa ha celebrado a lo largo de los siglos el 1 de mayo como el inicio de la primavera, día de la fertilidad, y de alguna manera, “inicio del curso labriego”. Los Mayos, pues así se conoce a esta festividad, se siguen celebrando en múltiples lugares, también de España: véanse las rondas realizadas en pueblos como Anguita (Guadalajara) o los ritos seguidos en lugares como Vinuesa (Soria), donde se alza una conífera recién talada en mitad de la plaza del pueblo.

El “año académico” no hace falta decir que empieza en octubre, para las universidades, y en septiembre, para las escuelas. En cuanto al hábito, que no en referencia al “oficial”, es este el "año" por el que se rige nuestro actuar, calculándose nuestras actividades desde el inicio del otoño hasta la llegada de las vacaciones de julio o agosto. Esta concepción, divergencia, entre “año religioso” y “año oficioso” no es exclusiva de nuestra época. De hecho, existe un momento de la historia, ciertamente curioso, en que el “inicio del año” se cambió por circunstancias totalmente terrenas.

Según leemos en un interesantísimo estudio del profesor Pastor Eixarch, la olvidada región de Celtiberia tuvo un papel fundamental en lo que a la historia del calendario se refiere, siendo “culpable” de que el año, aún hoy en día, se inicie el 1 de enero. Según expone el arqueólogo, ante la actitud de la ciudad celtíbera de Segeda (Mara-Belmonte de Gracián, cerca de Calatayud, Zaragoza) de construir unas poderosas murallas a su alrededor, los romanos tomaron la decisión de realizar una campaña “sui generis” contra un enemigo, que como el tiempo se encargaría de demostrar, era de lo más temible.

Dos grandes decisiones tomó el Senado romano para la preparación de esta campaña. En primer lugar, el ejército estaría encabezado por el cónsul Nobílior (cargo político-militar de mayor rango), en vez de por un pretor. En segundo lugar, se acordó que éste tomara posesión de sus funciones en las calendas de enero del año 153 a.C., ello significaba que los comicios se celebrasen el 1 de enero, y que en virtud de ello, el año se iniciara en ese día. Ante las informaciones que llegaron a la ciudad, los habitantes de Segeda huyeron a la ciudad arévaca de Numancia, lugar donde daría comienzo una de las campañas militares más importantes de la historia, y que más ríos de tinta ha hecho correr (desde Apiano hasta los historiadores modernos de referencia, pasando por el propio Cervantes).

Cuando Nobílior llegó a Segeda se encontró la ciudad abandonada y las murallas en obras. Engañado por la actitud “cobarde” de los segedenses, partió hacia Numancia sin esperar a los refuerzos que estaban en camino. Nobílior fue derrotado ante las murallas de la actual Garray (Soria).

Una vez llegaron los refuerzos Nobílior realizó un segundo asalto, esta vez con caballería numida y... elefantes. Los romanos pensaron que numantinos y aliados se estremecerían ante la visión de los paquidermos, sin embargo, una roca fue arrojada por los defensores sobre la cabeza de uno de los elefantes. Éste barruntó de dolor, haciendo que el resto de los elefantes huyeran en estampida, acabando con las formaciones romanas.

Verdad o leyenda, lo cierto es que Celtiberia tuvo aquí, tal vez, su mayor contribución para la historia venidera. En lo sucesivo un consejo, una vez coman las uvas, deseen feliz año nuevo y...


¡AUPA NUMANCIA!
Fuente: Pastor Eixarch, José Manuel, "Cambió el calendario de la historia: Segeda, la ciudad celtibérica".

Pinturas:
1) Detalle de la "Circuncisión de Jesús" de Andrea Mantegna.
2) "Numancia" de Alejo Vera y Estaca (Viñuelas, Guadalajara, 14 de julio de 1834 - Madrid, 4 de febrero de 1923).

sábado, 15 de noviembre de 2008

El legendario Moncayo

La antigua Turiaso, hoy Tarazona (Zaragoza), luce una bellísima portada renacentista en la fachada de su ayuntamiento. En ella, junto a una representación de la coronación del Emperador Carlos V, lucen tres imágenes de especial contenido simbólico-mitológico: Pierres, Caco y Hércules. A primera vista nada peculiar, pues como en otras tantas ciudades de España, la tradición sitúa a Hércules como fundador de la vieja urbe aragonesa siendo, tal vez en este caso más que en otros, la leyenda de especial interés.

Quizá en aquélla que sea la más profunda de todas las Españas, exista un país de leyenda, un lugar mitológico del cual sólo queden pequeños rastros, sutiles huellas. Carrascas, sabinas albares, endrinos, espinos, y ante todo, tomillos y trigo, configuran el carácter de esta fría tierra, fuerte y guerrera. Coronando el “país de los celtíberos”, región de Celtiberia, está su monte sagrado, mojón entre Soria y Aragón, punto de unión entre los antepasados maños y castellanos. Moncayo es su nombre, ésta una de sus muchas leyendas.

Tal y como contara D. Antonio Beltrán Rodríguez (insigne historiador aragonés), no es extraño que el alto monte fuere motivo de mitos y leyendas. De hecho, otros picos de la geografía aragonesa, como el Monte Perdido o el Aneto custodian historias de semejante inspiración (ejemplo es la identificación del nombre Aneto con el dios íbero “Neitin”, según una estela hallada en Binéfar). En lo que al Moncayo se refiere, cuenta la leyenda que fue en él donde se realizó uno de los Doce Trabajos más célebres del héroe greco-romano: la caza del león de Nemea.

Marcial, el gran literato romano (oriundo de Bílbilis, Calatayud), identificaba etimológicamente al monte con las canas de un anciano (“senemque Caium nivibus”), si bien, sus “descendientes” aragoneses (haciendo gala de su proverbial “sencillez” y “falta de exageración” en cuanto a describir lo propio se refiere), identificaron Moncayo con el Monte de Caco, el legendario ladrón, (“Mons Caci”).

Los romanos veían a Caco como a un peligroso gigante, mitad hombre, mitad sátiro. Hijo de Vulcano, Caco se alimentaba de carne humana (colgando las cabezas ensangrentadas de sus víctimas en la entrada a su cueva). Covarrubias decía de él que «siendo ladrón famoso hacía grandes estragos de robos, muertes e incendios». En lo referente a su descripción, las diferentes leyendas son contradictorias, como no podía ser de otra forma, en relación con este peculiar sujeto. Unos cuentan que fue vencido por Hércules, otros que Caco le perdonó la vida a éste, una vez resucitó de su inicial derrota. La versión “turiasoniense” versa algo diferente.

Hércules y Pierres (su compañero), quisieron ir en busca del inquietante malhechor, con la mala suerte de no alcanzar a localizar cuál era su morada. Allá por donde creían poder encontrarlo, se toparon con una gigantesca mujer que estaba arando sus campos. La mujer, serrana en cuanto a su descripción (recordar las del “Libro de Buen Amor”), les señaló la guarida de aquél que resultó ser su hermano, ¡cogiendo los bueyes y el arado para señalizarlo!.

Una vez encontraron la “cueva de Caco”, se toparon con el ladrón, justo cuando éste estaba disfrutando de un ágape acompañado por buen vino (una tinaja de veinticinco cántaros de cabida). Los amigos compartieron los víveres, yendo después a cazar, no sin demasiada suerte. Justo cuando volvían desanimados, un gran león se abalanzó sobre ellos, siendo Caco quien lo cazó e hizo una capa con su piel. Impresionados nuestro héroe y su amigo, Pierre se cargó una vaca al hombro, sin mayor esfuerzo, demostrando que él era igualmente fuerte. Hércules, o Heracles según sea en su versión latina o griega, no se quiso quedar atrás, y arrancó un haya entera para usarla de bastón. Una vez acabaron su peculiar “salida campestre”, nuestros protagonistas volvieron a Tarazona.

Definitivamente, si de sacar una moraleja o conclusión se trata, se mire por donde se mire, tal y como nos recuerda Beltrán Rodríguez en su narración, el Moncayo sería símbolo de virilidad, fortaleza inexpugnable en tierras firmes y férreas, pasto de batallas y leyendas. En Anguita, aún hoy en día, es común decir, cuando se acercan los primeros fríos, “ya ha nevado en el Moncayo”, y, de hecho, los celtíberos siempre lo consideraron una deidad merecedora del más sacro respeto (pues de sus entrañas se extraía el mineral de hierro con el que hacer sus armas).

Bibliografía:
Beltrán Rodríguez, Antonio, "Etnología y antropología cultural en la comarca del Moncayo", publicado en TVRIASO, Tarazona, Centro de Estudios Tvriasonienses, 1992.

Enlaces:
- Moncayo in Autumn; Moncayo en Otoño, de Eloy Cotallo
- Litografía con motivo en Caco (Beham, (Hans) Sebald (1500-1550): Hercules killing Cacus at his cave, from The Labours of Hercules (1542-1548). Engraving, 1545. B.104, P.102. 2 X 2 7/8 inches, possibly i/iv. A very good, strong impression, the area around Cacus somewhat dryer than the rest of the image (possibly characteristic of the print), with thread margins.)